En Casa Esperanza aprendí

En Casa Esperanza aprendí que el abrazo desinteresado de un niño es la medicina perfecta para el estrés. Vivir ahí reventó la burbuja de mi individualismo y entendí, (Porque saber y entender son cosas muy diferentes) que tal como Jesús, estamos aquí para servir. A parte de encontrar amigas geniales, personas con mucho de talento y superación, de cada una podría decir algo especial.
Mi vida fue bendecida cuando estuve en Casa Esperanza, aprendí mucho y me ayudaron mucho también. Pero, por sobre todo, conocí niños maravillosos, de ellos sé, que con la ayuda de Dios podrán llegar muy lejos, y por eso ahí, hay personas dispuestas a entregarles amor y guiarlos en el camino, a orar con y por ellos. Vivir en La Pintana no te hace peor persona, y quienes viven y trabajan en la Casa, la tienen clara.

Carolina Pailahueque
Residente casa esperanza por 3 años.

Caro

Anexo 2 externo

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