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Gracias Casa Esperanza, hasta siempre

Fue un año y ocho meses de aprendizaje, de crecimiento, de comunidad… De realidad, esa realidad que nos rodea pero de la que muchas veces escapamos porque nuestra vista no llega más allá de nuestras narices. 

Casa Esperanza para mi fue (y es) una escuela, de esas que dejan huella, porque sientes que te hicieron mejor persona, un lugar en donde los procesos  se viven de una forma diferente, y es que los problemas son más llevaderos si en vez de girar tu vida en torno a ellos, decides enfrentarlos con Cristo y ayudando a otros.
Doy gracias a Dios por darme la oportunidad de ser parte de esto, porque en la sonrisa de cada niño y niña que van a la casa veo esperanza, y en la Casa que los acoge cada miércoles y sábado veo disposición, una mano que los levanta y les enseña que la realidad que viven ahora no los define, un lugar donde se entregan herramientas para surgir, pero que por sobre todo, les habla de Dios y de cómo vivir una vida con propósito.


Carolina Pailahueque Rañinao; Estudiante de Periodismo; Universidad de las Américas.
Voluntaria de Casa Esperanza 2015 – 2017